::: LAS AVENTURAS DE UN GAMBITERO  :::
::: Let's go to Sitges
miércoles :: 26 de septiembre de 2007 :: 14:16
escuchando: ' Snow Patrol - Chasing Cars '


¿Recordais aquellos entrañables álbumes ochenteros que sonaban en verano y cuyos títulos iban marcando inexorablemente los años?, si hombre, el Max Mix !!!... ese casette que sonaba en todos los loros de cualquier piscina de Espalla, esa extraña moda que se puso de idem de hacerse las mezclas en casa utilizando para ello, una simbiosis de cinta magnética y celo !!! ( creo que fue en el Max Mix tres en el que venía un kit de corta-pega cintas de casette )...

Pues en esa olvidable época, de hombreras y pantalones láser, de Max Mix, de Bolero Mix, de Tur Mix, había un temilla que era el soniquete que hacía la competencia al entonces tan cacareado sonido Ibiza... el éfimero exito de Let's go to Sitges, de David Lyme. Como no podía ser de otra forma, un numeroso contingente de colegas nos fuimos ese verano a Salou, y claro, debido a la cercanía, a que Salou estaba petadísimo de turistas foráneos y de Zaragoza, y que Cambrils estaba lleno de medusas, pues nos dirigimos a esa capital del mundo gáyer que era y es, Sitges.

De todos es sabido que donde se reunen muchos maricas juntos, como efecto colateral, suele haber magnificas pibas... Yo tenía flamantes mis lentillas por lo que ese verano prometía y no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar ese antro de vicio y perdición, y perdernos entre tubos y tubos de pastís.

Ese pueblito. Esa playa nudista. Ese paseo marítimo plagado de músculos y aceite. Y ese grupo de foreros ( del foro ) sorteando el chapapote entre las hamacas buscando un baluarte desde donde se oteara a la perfección a las féminas que campaban a sus anchas entre tanta carne prieta. Y lo encontramos, vaya si lo encontramos. Bajo una especie de carpa que daba sombrita a las hamacas y que tomamos por la fuerza para convertirla en nuestra propia haima, hicimos un montón con las mochilas en el centro, y nos expandimos por la sombra, cada uno buscando posiciones estratégicas de observación.

Transcurridas algunas horas, entre baños, raquetas de playa, prácticas de puntería sobre fornidas espaldas y servecitas, llegó el omnipresente momento de la siesta, la hora Warner que sigue al papeo y en el que ningún organismo playero soporta no quedarse frito a la sombra, sea gayer o hetero. Y en eso estabamos cuando una sombra silenciosa atravesó la zona donde estabamos sobados. Todos notamos la ráfaga de aire de un paso apresurado y al abrir los ojos, contemplamos atónitos como había disminuido el montón de mochilas, yendo a faltar, evidentemente, la mia.

Preguntando a los vecinos de hamaca, nos comentaron que un negro, que pensaban era de nuestro grupo (¿?) se había parado tranquilamente entre nosotros, había rebuscado entre las mochilas, agarrado una y se había largado tranquilamente... Mierda, otro walkman reversible que pierdo !!! Acto seguido, todos los que allí estabamos nos encaminamos a recorrer las callejuelas del pueblo en pos del negro, del que pudimos averigüar que sería fácil de encontrar pues en aquella época no es que hubiese muchos en Sitges, de hecho, debía ser el único por la respuesta que los locales nos daban ante nuestra pregunta: ¿un negroooooo???

Ante la falta de resultados, asumimos tristemente el siguiente paso: el cuartelillo de la Guardia Cerril. Y allí que nos dirigimos un servidor y un colega, casualmente también usuario de tricornio, por si había problemas de entendimiento.

El cuartelillo en aquella época estaba algo así como tirando a una mezcla entre viejuno y semiderruido... mi colega ya empezó a poner caras raras nada mas entrar. Nos acomodamos en la sala de espera donde se acumulaban cienes y cienes de personas que venían a denunciar al ' pelirrojo ', un sujeto panocha y al parecer barbudo que se había dedicado a pasar la mañana chorizando bolsos y que por lo que comentaba la multitud, había tenido una fructífera jornada laboral.

Tras un par de horas de espera escuchando las increíbles tribulaciones del pelirrojo, por fin nos toca entrar. Cómo sería la visión que tuvimos en ese momento que mi colega el picoleto me susurró al oído que ni se me ocurriera decir que era del cuerpo... Sentaditos en plan modosito observábamos estupefactos a ese cabo de la Guardia Cerril, moreno Pantone Solid Coated 7516 C, con la camisa desabotonada mostrando ese pechio lobo cual legionario del amor, corte de pelo Duke Nukem y sonrisa de un blanco nuclear que impedía ver que había mas atras... el cual, sonriendonos sin cesar y poniendo ojitos tiernos colocaba sus dedos sobre las teclas de la Olivetti Lettera 22.

Tal era nuestro estado de abstracción que ante la falta de conversación, dió un suspirito y con un leve bamboleo de cabeza miró hacia la ventana que tenía detrás, desde la cual se veía un trozo de mar. Transcurridos unos minutos que parecían siglos, con ese mismo bamboleo nos miró y nos dijo con una voz suavecita suavecita --seguro que vosotros no tenéis unas vistas como estas... iiiiiih ( gritito asi como de maricona viendo un manojo pollas, acompañado de encogimiento de hombros y entrelazado de manos )--

Sin salir de nuestro asombro, y apretando el jopo al asiento, empezamos a contestar al cabo, dando inicio el interrogatorio de rigor para la redacción de la correspondiente denuncia. Llegado el momento de elaborar el listado de los objetos sustraidos, comenzamos con la descripciones:

CABO: bueno decidme, que se han llevado?
YO: Un walkman...
CABO: ... u. n. w. a. l. m. a. n...
YO: ... reversible ...
CABO: ... r. e. v. e. r. s. i. b. l. e... marca ?
YO: Sony
CABO: ... s. o. n. i... color ?
YO: ¿?¿?¿? ... mmm ... negro ... ¿?¿?¿?
CABO: ... n. e. g. r. o... que mas

Así estuvimos un rato, elaborando hasta el detalle mas nimio el listado de objetos robados... en un momento dado, surge la duda...

YO: ... unas gafas de sol ...
CABO ... ...d. e. s. o. l... marca ?
YO:... eeeeeh ... uuuuuh... mmmmm... nisu ( por aquello de NiSupadreloconoce aplicable tan acertadamente a todos los objetos comprados en el mercadillo de los jueves )...
CABO: ... mmmmm .... mmmmm ... ¿ y eso como se escribe ??

No pudimos mas... la tensión acumulada explotó y un universo de carcajadas salió disparado de nuestras bocas. Menos mal que el cabo era un tio enrollao y se tomó a bien la explicación de la marca de las gafas, no sin antes jurarnos y perjurarnos que harían todo lo posible por encontrar la mochila y al negro que se la llevó, cosa que aún estoy esperando...

Desde entonces no he vuelto a Sitges... ni a escuchar la cancioncilla de los cojones...

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::: Muchachada
lunes :: 17 de septiembre de 2007 :: 13:46
escuchando: ' Snow Patrol - Chasing Cars '


Vale... la vuelta al mundo real ha sido demasiado traumática... con el buen ritmo que llevaba en veranito ha sido poner el pie en los Madriles y la debacle se abalanza sobre uno... volvemos a la jornada partida, a los viajecitos por la geografía ehpañola y como no a los cruces matutinos con el estirao del banco, la jamona de la tienda y la lumi que regresa del puticlub.

Pero la vuelta al cole trae cosas buenas de vez en cuando y no me estoy refiriendo al coloque producido por aspirar el aroma de los libros nuevos o el del forro de ironfix.

Este año, con el otoño regresan, aunque con nuevo formato, nuestros referentes culturales, los maestros, los únicos e irrepetibles... los chanantes !!!

Y lo hacen en la pública, en la dos, los miércoles por la noche, con un nuevo pograma titulado como no podía ser de otra forma Muchachada Nuí. Así que a partir de pasao mañana, a ver que da de si la media horita chanante que nos han preparao.

Como sois unos perretes, os pongo los teaser que han estado repartiendo tollinas durante el verano...













... de nadaaaaa ...

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::: Torremolinos 98
viernes :: 31 de agosto de 2007 :: 00:21
escuchando: ' The Chemical Brothers - The Salmon Dance '



Se que algunos de vosotros estais esperando que relate la historia del eterno agradecimiento que les di a un par de drogadizos en plena calle cuando intentaban robarme el coche, pero es que, el ir y venir desde la tumbona a la barra del bar de la piscina a reponer el cubata de Arehucas con cocacola no hace mas que recordarme historias playeras, como la del espantoso suceso en el que el único negro de todo Sitges me chorizó impunemente la mochila, y asistí imperturbable a una colorida denuncia con un sargento gáyer de la Guardia Cerril, de perfecta dentadura, sonrisa profidén y pecholobo tostado al sol.


Pero creo que esa la dejare para mas adelante. El relato que ahora nos ocupa versa, como no podía ser de otra forma, de fiestas playeras, alcohol y trasnoche.


Por poneros en situación os detallaré el environment: Feria de Málaga. Muy pasada la medianoche. Ya había recorrido todas las casetas de la feria a las que nos habían dejado entrar, junto a dos compañeras de curro y dos azafatos de vuelo, gáyers of course, gracias a cuyas indumentarias ( pantalon de pitillo color mostaza brillante, camiseta de Sport Billy sin mangas, y moñitos de colores en el pelo ) teníamos vetado el acceso a casi todos los recintos de la feria.


Puesto que el nivel de rebujitos sobrepasaba con creces el máximo permitido, y a la hora de soplar por el pitorro fijo que la autoridad competente me iba a plantar un sobresaliente, tomé la oportuna decisión de terminar la fiesta de la forma mas romántica posible, viendo amanecer en la playa... así que, únanimemente, es decir, yo solo, me fui tuanquilamente hacia la playita mas cercana, o mas éxactamente, a la única que recordaba a aquellas horas: Torremolinos.


Los primeros rayos de sol comenzaban a calentar mis zapatillas cuando el organismo me dejo caer que el se piraba a hacer un poco de catrix. No podía mas. Decidí pues acompañarlo al único sitio donde me dejarían dormir esa amanecida, ese lugar que ha soportado inmutable mis ronquidos, potas y sobadas: el asiento delantero de mi coche.


Pero haciendo caso a mi contactólogo, que una vez me echó la bronca por no limpiar las lentillas, ese día le iba a hacer caso y como buen paciente, me las quitaría, las lavaría un poquito, y a la funda. Justo en el instante en el que la yema del dedo iba a pegarse cual spiderman a la superficie de la lente, cai en la cuenta de una cosa: que no se puede salir precipitadamente de casa de uno en dirección a una feria situada a casi quinientos kilómetros sin hacer algo de previsión, mas concretamente, una mochila con al menos unos gayumbos y, en el caso de ser un discípulo de Rompetechos de primera categoría, una funda de lentillas, y lo mas importante... unas gafas.


Es decir, que en ese preciso momento me di cuenta que no había traído gafas, ni limpiador de lentillas, ni nada donde guardarlas...


Uno que es previsor y que en esa edad loca vivía prácticamente en el coche, al que solamente le faltaba el secador para parecer un coquetón estudio de soltero, no podía tener el kit-de-las-noches-locas de la Señorita Pepis guardadito en la guantera. Y buscando y rebuscando encontré lo que necesitaba, una funda de lentillas y un botecito con lo que yo creía era solución salina para guardarlas.


Ni corto ni perezoso, mas ancho que estrecho, abrí cuidadosamente la funda y la coloqué en mis rodillas con cuidado sumo. Acto seguido, cual ceremonia del te, extraje las lentillas y las coloqué cada una en su depósito, y despreocupadamente cogí el botecito de solución y volque un gran chorro en cada una de ellas.


Aaaaadios !!! un líquido rojuno, similar al pacharán, inundó la funda y al instante, como si de ácido sulfúrico se tratase, las lentes comenzaron a arrugarse y quedarse en un estado similar a pasas transparentes...


What the fuck?????!!!!! ¿que demonios es esto??? me pregunté estupefacto acercando la funda a escasos milímetros de mis ojazos... no puede ser !!! esto me pasa por seguir los dictados de la moda y ser un fashion victim... había llenado la funda con mi wonderfulloso tónico capilar para fortalecer las lanas y eso era malo, muy malo, para las lentillas. Y yo sin gafas...


Menos mal que no me perdía ni un solo capítulo de MacGiver. Sacando fuerzas de flaqueza y haciendo saliva cual bebé al que le están saliendo los dientes, agarré las lentillas y en cuestión de milisegundos estaban en mi boca, como un par de sugus. Salí escopetado del coche, abrí el maletero, aparté el montón de flyiers del bareto de un colega en Costa Polvoranca que según parece tenía que repartir no se cuando ni donde, y busque el kit de supervivencia donde guardaba las drongas y el agua para casos extremos, y llene mis mofletes con una buena dosis de Fontvella.


Pasados unos interminables minutos en los que dejé mas limpios que los chorros del moro los huecos de la funda mientras mi cara parecía un spot de Oraldine, los llené de agua mineral, baja en sal y minerales, y meti las lentillas, que habían perdido casi todas las arrugas y parecían menos pochas. Y esperando que se recuperasen, y para calmar un poco la taquicardia, me encaminé a la arenita a ver como subía en el horizonte el astro rey,


Las lentillas se habían recuperado mas o menos bien, de hecho me dio tiempo incluso a irme desde allí a Córdoba, a las fiestas de mi pueblo, donde la casualidad hizo que encontrase a mi hermano, y donde la fatalidad y de nuevo, el hardcore etílico, hicieron que abriese los ojos sentado en una solitaria silla, en un solitario cruce de calles a unas horas indecentes de la mañana, pero esa también es otra historia.


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::: Discusiones de verano
jueves :: 23 de agosto de 2007 :: 19:17
escuchando: ' Underworld - Dinosaur Adventure 3D '



Pa que luego digais... Uno aquí de vacaciones y blogueando para que el personal no se aburra en verano... si es que soy un buenazo...

El tema es que la playa, mas concretamente la arena de la playa, me ha traído a la cabeza gratos recuerdos de juveniles encuentros con el hampa, furthermore, me ha recordado las discusiones que un personaje de tamaño despiste como yo ha llegado a mantener con elementos del crimen organizado en pos de que el flagrante robo a mano armada fuese menos doloroso.

La historia viene de lejos. Corrían tiempos en los que los adelantos de la tecnología permitieron dar boleto a mis gafas de nerd y sustituir los culos de vaso que-se-ponian-oscuros-en-verano por unas flamantes lentillas que me permitían, sobre todas las cosas, disminuir el tiempo transcurrido entre el aviso de los colegas y el paso de la jamona de turno por la orilla.

Pero como todo en la vida, hay que tener un poco de sentido común, y cuando el contactólogo te dice que las lentillas tienen que limpiarse concienzudamente, te lo dice por algo. Pero claro, en plena efervescencia hormonal, un púber adorador de Onán como yo no podía quitarse las lentillas ni un solo segundo, aunque toda la arena de la playa estuviese metida dentro de esas finas láminas de polímero, un par de mamellas eran un par de mamellas.

El caso es que a la vuelta de las vacaciones no me quedó otro remedio que visitar al dortor de la vista porque ver, lo que se dice ver, ya no lo hacía. Sentado en ese potro oftalmológico frente a una pantalla con manchurrones, el señor dortor me increpó sobre el uso que había hecho de las lentes durante el verano. Parece ser que mis lentillas eran lo mas parecido a las conchas de un berberecho, de la arena que tenían incrustada. Además, habían afectado tanto a mis dioptrías que se habían declarado en huelga, y ni siquiera sin lentes era capaz de descifrar los jeroglíficos que tenía delante, en tamaño King Size.

El buen dortor me regaló en ese momento mi primer par de lentes de usar y tirar, me cogió del brazo y mirándome por encima de sus gafillas me dijo --muchacho, anda y date una vuelta con estas lentillas a ver si recuperas la visión as soon as possible-- y con un par de palmaditas en la espalda me mandó a deambular por las calles durante un par de horas antes de volver a continuar con la revisión.

Así que ni corto ni perezoso me dispuse a recorrer esas sórdidas callejuelas del Pueblo Nuevo de los años ochenta... toda una aventura. Me colgué al cinto el IPod de la época, el wonderfulloso ladrillo Sony Walkman reversible, lo mas parecido a una riñonera que había por entonces, y escuchando ese impagable casette ' A Kind Of Magic ' de las locas de Queen, me senté en el banco de un parque a calentarme la sangre como los lagartos o, en su defecto, los jubilados.

Sonaba el ' Who wants to live forever ' cuando, como si el título adelantase una premonición, sin previo aviso, casi sin verlo, se me sentó al lado un individuo. Metrochenta, gomina con caracolillos, americana de espiguilla y doscientos quilos de cadenas de oro en el cuello. Calorro calorro venido del mismo corazón de ' los focos ', aquel entrañable poblado que sirvió de exteriores a la fílmica vida de el Lute. Mi éxtasis queeneano se vino abajo cuando note la respiración del sujeto en el cuello. Ante mi indiferencia, el primo del Jero no tuvo mas remedio que hablarme, pero solamente para indicarme que me percatara de la faca de un palmo que tenía sujeta en la mano y cuyo filo apuntaba directamente a mi costado, cual lanza de Longinos.

--paaaayo... daaaame to lo que tengas o te piiiiincho-- susurró el pollo con ese deje de vendedor de bragas de mercadillo. Con esa mirada de reojo despectiva que me caracteriza y que parece decir ' ladran, luego cabalgamos ', le dije tranquilamente que lamentandolo horrores, no disponía en ese preciso momento de ninguna propiedad de la que sacar partido. No me gusta el oro, no llevo cadenas, y ni llevaba reloj, ara eso sí, vestía unas JotaJaiber con cordones de colores que eran la envidia de cualquier breaker de Nuevos Ministerios de la época.

Tras un lapso de tiempo en el que el delincuente rumiaba mi respuesta, y a la par que se rascaba la sesera con la mano libre, va y me suelta --pues dame eeeeeso-- el que, pregunté yo, educado... --eeeeso que llevas ahi colgaaao-- ¿que?, ¿mi walkman?, pardiez !!!, no eso no !!! el walkman no !!! --coooomo que no... trapaca o te claaaaavo--

Porque me pinchaba el lomo que si no va listo. Mas mosqueado que acongojado, y con toda la pesadumbre de mi corazón le tuve que dar el dichoso walkman. Pero, que cojones, no todo estaba perdido. --Una cosa es que te lleves el walkman, pero joer, déjame por lo menos la cinta, que es lo último de Freddy Mercury, ostias...

--¿cooomooooor?-- flipaba el calorro... --que si, que me dejes la cinta joer, que cuando se me mete una canción en la cabeza es muy jodío quitármela, y gastarse uno seiscientas pelas en una casette, no se puede hacer todos los dias !!!

Con los ojos desorbitados como dos huevos duros asomando por su jeta, el calorro estaba atónito, frente a una víctima de robo a mano armada vociferando a voz en grito que le devolviese la cinta. --eeee... pos va a ser que no-- ¿como que no?, ¿porque?, si ya te llevas la joya de la corona de Sony, joer, devuelveme la cinta-- que no !!!... --¿pero por que no? gritaba yo.

--porque si no no voy a poder demostrar que esto funciooooooona-- me dice el gitano, como si yo fuese el usurero prestamista al que le iba a vender el aparato en cuanto le dejase en paz.

Total... que habían trascurrido ya cerca de tres cuartos de hora de discusión y el parque comenzaba a llenarse de críos, jubiletas y oficinistas que salían de currar, por lo que el gepeto del gitano comenzó a perlarse de sudor y sus ojos a moverse de un lado a otro. --miiiiira, vas a hacer una coooosa... te vas a quedaaaar aqui un raaaato sin moveeeerte... y callaiiiito que te estoy vigilaaaando... y lo mismo que vino, se fue... así como un flus, visto y no visto.

Y el cabrón se llevó la casette.

Yo soy una persona de discutir poco, pero cuando me encuentro en este tipo de situaciones, me da por llevar la contraria. Como aquella vez que le di las gracias a unos yonkos que me querían robar el coche... pero eso es otra historia.

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