::: LAS AVENTURAS DE UN GAMBITERO  :::
::: Infusorios ( II )
lunes :: 15 de octubre de 2007 :: 11:58
escuchando: 'David Bowie - I'm deranged '

Aquel viernes todos los integrantes del grupo salimos de las prácticas de motores y nos fuimos pitando sin apenas despedirnos, sin tomarnos las cervezas de rigor, todos con una idea fija en la cabeza: concentrar esencias vegetales. En realidad todos lo decían de boquilla, pero nos conocíamos tan bien que sabíamos que tras ese fin de semana por lo menos uno del grupo lo habría probado para contrastar experiencias, y todas las papeletas para el experimento las tenía, como no podía ser de otra forma, un servidor.

Mi madre había traído el par de kilos de alcachofas y la riñonera, que no tiene nada que ver con el asunto pero en aquella época de vicisitud había que tener una. Llegamos al acuerdo de que ella fuese la primera en cocer las alcachofas para quedarse con las inflorescencias, que todo hay que decir, vuelta y vuelta con jamón están muy ricas; y que yo me quedaría con el caldo resultante y los rabillos sobrantes para continuar con el experimento. Y así fue. Antes de marcharse a la parcela y dejarme solo durante todo el fin de semana, me encontré con una gran olla llena de líquido verde en la que flotaban unos tronquitos esperando impasible sobre el fogón de la cocina.

Manos a la obra. Calzado con unos guantes de latex y una bata blanca, me dispuse a concentrar el líquido elemento a base de calentar el caldo, filtrarlo y volverlo a calentar. Acompañado por casi todos mis casettes de Miguel Campoviejo y con el transcurrir de las horas, conseguí reducir la mezcla hasta tener una especie de salsa viscosa de color verde perejil Pantone Hexachrome Green C que ocupaba exactamente el volumen de un vaso catador de fino, y de la cual se desprendía un humillo cuyo tufo ya predecía sus consecuencias.

La guarrilla con la que salía en aquella época no se dio por aludida cuando le dije que esa tarde no saldría debido a que tenía una cita con unas cuantas amebas, presumiblemente porque no tenía ni pajolera idea de qué eran las dichosas amebas, pero que el fin de semana estaría totalmente disponible, y cuando digo totalmente, es totalmente, que hasta el rabo todo es toro. Así que disponía de toda la tarde-noche del viernes para preparar la ingesta del brebaje, que se produciría a media mañana del sábado... con el fin, obviamente, de tener un largo y agotador fin de semana de excesos sexuales.

Mis maquiavélicas maquinaciones no quedaban solamente en los brazos de la química orgánica. No. Había que tenerlo todo previsto, y esperar a la interfecta con un buen garrote digno del rey de bastos. El viernes noche estaba cubierto con el porno del plus, sin codificar of course, pero quedaba la sobremesa del sábado sabadete momento en el que tras el chupito mágico uno debía adquirir los mágicos superpoderes.

Y así llegó el esperado día. Tras una agitada noche en la que el subconsciente tejía posturas imposibles, lo primero un buen desayuno. Luego una excursión pequeñita al videoclub a pillar algo de pornaco coherente con mis gustos personales y tras un frugal almuerzo, una refrescante duchita. Sin ni siquiera quitarme el albornoz a rayas verdes y blancas que luego se haría tan famoso por vestirlo el concursante ganadero de Gran Hermano 2, el amigo del Muleto, llegó el ansiado momento.

Con manos temblorosas, saqué el vasito de concentrado. Sin ceremonias ni zarandajas le di un sorbito. Aquello sabía a rayos. Sin pararme a pensar en las posibles reacciones adversas, le incorporé un poquito de azucar y to pa dentro, de un tirón, sin concesiones.

Pasaron los segundos, los minutos y un par de horas en las que nada, absolutamente nada indicaba que aquello tuviese efecto alguno. Es mas, como tenía tiempo suficiente, pasaron por delante de mis ojos un par o tres de infectas cintas de mis amigos Peter, Ron, y Draghixa sin que aquello diese signos de vida, todo lo contrario, Carlitos estaba en otra onda, muy muy lejana.

Cuando la señorita en cuestión llegó a mi casa la puse en antecedentes de las previsiones que había para la tarde y entre un rictus de incredulidad y otro de mosqueo nos dispusimos a visionar otra entrañable pinícula cárnica. Pasaron los segundos, los minutos y otro par de horas y Carlitos parecía que tenía la cabeza en otro sitio, nunca mejor dicho; y de pronto, sin previo aviso, sin llamar a la puerta, se abrió la compuerta del canal de Suez y mi amigo el calvo comenzó a crecer y crecer y crecer, ante el regocijo de mis ojos y las palmitas de la interfecta.

... y ese fue el principio del fin ...

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::: Infusorios
lunes :: 8 de octubre de 2007 :: 13:13
escuchando: ' Ursula 1000 - The Shake '

Refinitivamente, mis vecinos los estudiantes son unos morbosos jovenzuelos que utilizan la tecnología digital de transmisión de imágenes, léase webcam, para a.) grabarse los refociles sexuales y luego partirse el cajón con ellos o b.) distribuir exponencialmente las imágenes de sus peripecias fornicariles a traves de la red, opción creo mas acertada a tenor de los cambios de postura frente al monitor del cabezón y los continuos ajustes de encuadre del aparato en cuestión ( la cam, malpensados ).

Y aunque el post de hoy no versaba sobre el vecindario como en otras ocasiones, no vamos a cambiar el theme porque queridos amiguitos y queridas amiguitas, os voy a contar el escalofriante relato de mis coqueteos con las drongas chungas, esas que en los años setenta hacían las delicias de los jipis pero adaptadas a la vida cotidiana espallola de los ochenta, época durante la cuala, un servidor intentaba pasar desapercibido entre el maremagnum de estudiantes universitarios de primer curso. Compañeros, os voy a relatar la conocida por todos mis ex amigos como ' la historia de la infusión de alcachofas ' o ' como insensibilizarse el miembro durante tres dias con sus noches '.

Antes de comenzar mi relato, pongamonos en situación; mediados de los ochenta, Ciudad Universitaria de Madrizz, primero de carrera. Típica panda de compañeros primerizos de análogos gustos por el rock sinfónico y la informática cuyo proveedor de indumentaria es, generalmente, su madre... pa que os hagais una vaga idea. Nerds, para ser mas explícito.

Uno de los integrantes de ese nutrido grupo era el Fer. Oriundo de Aranjuez y toda una eminencia en el difícil arte de rellenar hojas de currículum con solo un par de cursos a sus espaldas. Una de sus pasiones aparte de la música folk era destilar cosas. Se pegó como una garrapata a las faldas de la profesora de botánica con el fin de acceder a los arcanos de la flora y sus alcaloides y aprovechando la recolección de hierbajos que nos posibilitaba los créditos suficientes para aprobar la asignatura, además de ordenarlos sistemática y taxonómicamente en el herbario como hacíamos el resto, el los destilaba... y luego los probaba... y luego nos contaba sus experiencias lisérgicas. Ni que decir tiene que sus experiencias le llevaron, con el paso de los años, a acceder al puesto de concejal de medio ambiente de un ayuntamiento cercano a la capital.

Luego llego un lunes en el que teníamos prácticas de botánica por la tarde. Por tanto, pasamos la mañana en la cantina asistiendo a la tradicional tertulia sobre temas filogenéticos como quién del equipo de rugby se había cepillado ese fin de semana a Elisa 'la guarra', temas socioculturales como las críticas al último capitulo emitido de Bola de Dragón, o apuntes tecnológicos como la posibilidad de duplicar la capacidad de los diskettes de baja densidad haciéndoles un agujero con una taladradora, todo un descubrimiento de la época.

Pero ese lunes iba a ser diferente. En un receso en el que esto escribe se marchó a la barra a pedir una nueva ronda de, los ahora considerados objetos de coleccionismo, botijos de Skol; nuestro querido Fer se explayaba en las virtudes no alucinógenas pero si potenciadoras de la líbido de su último concentrado, las alcachofas. La exposición de sus efectos fue tan alucinante que todos los que allí estabamos reunidos, botijo en mano, pensamos al únisono cual mente global en probarlo una vez llegaramos a casa, aunque en ese preciso momento ninguno de los allí presentes pronunciase su idea en voz alta. Pero esos ojos desorbitados, esas guacheras en las comisuras de los labios, esa mirada penetrante cual Rasputín hacia las féminas del lugar, fueron bastante para convencernos a todos.

Y así fue como, nada mas llegar a casa, yo mismo le pedí a mi madre que ese mismo jueves, cuando fuese al mercadillo, además de traerme los gayumbos de rigor me trajese un par de kilitos de alcachofas, a la par que una flamante riñonera, objeto imprescindible de cualquiera con un poco de sentido práctico por aquella época. La chispa de los precursores de la viagra había prendido entre nosotros hasta el límite de buscar personalmente nuestro propio concentrado, cual alquimistas modernos, aunque para ello tuviesemos que crear excusas creíbles ante nuestra parentela. En mi caso, recurrí a los infusorios, esos seres ciliados que hice creer a mi madre aparecían ante la lente del microscopio nadando libremente en el caldo de cualquier hervido vegetariano que, obviamente, debería obtener yo mismo mediante concentración casera mediante, como su nombre indicaba, infusión de dichos vegetales.

... y hasta aqui puedo leer ...

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::: Help Desk
lunes :: 1 de octubre de 2007 :: 16:02
escuchando: ' Mürfila - Me Pones '


Yo no se vosotros, pero todos aquellos que estamos mas o menos acostumbrados a tener que llamar en algún triste momento de nuestra jornada laboral a los alegres chicos del CAU, SAU, o como cohones se llame el Help Desk de tu oficina, sabrá de esos momentos de visicitud que se pasan mientras te solucionan el problema de correo ( que podría haber arreglado perfectamente uno mismo, pero que como los alegres chicos de sistemas son un grupo que está supeditado a ti, pues que sean ellos los que se peleen con el cliente de Thunderbird, que además de no ser el cliente de correo corporativo, lo tienes completamente customizado con unos skins superchuliwapis en plan, como no, windols vista )...

Pero igual os pensais que el tema del soporte al usuario es algo novedoso, algo que se ha creado recientemente en cualquier oficina que se precie, pues no mangarranes, es algo que ya viene de antiguo... de muy antiguo...

Y si no que se lo digan a esos sufridos usuarios del convento de turno del siglo XVI que tuvieron que adaptarse al cambio de Pergamino 5.0 a Libro 1.0 Professional Edition...



Santa Paciencia a fe mia... los user siempre han sido y serán... putos user...

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::: Let's go to Sitges
miércoles :: 26 de septiembre de 2007 :: 14:16
escuchando: ' Snow Patrol - Chasing Cars '


¿Recordais aquellos entrañables álbumes ochenteros que sonaban en verano y cuyos títulos iban marcando inexorablemente los años?, si hombre, el Max Mix !!!... ese casette que sonaba en todos los loros de cualquier piscina de Espalla, esa extraña moda que se puso de idem de hacerse las mezclas en casa utilizando para ello, una simbiosis de cinta magnética y celo !!! ( creo que fue en el Max Mix tres en el que venía un kit de corta-pega cintas de casette )...

Pues en esa olvidable época, de hombreras y pantalones láser, de Max Mix, de Bolero Mix, de Tur Mix, había un temilla que era el soniquete que hacía la competencia al entonces tan cacareado sonido Ibiza... el éfimero exito de Let's go to Sitges, de David Lyme. Como no podía ser de otra forma, un numeroso contingente de colegas nos fuimos ese verano a Salou, y claro, debido a la cercanía, a que Salou estaba petadísimo de turistas foráneos y de Zaragoza, y que Cambrils estaba lleno de medusas, pues nos dirigimos a esa capital del mundo gáyer que era y es, Sitges.

De todos es sabido que donde se reunen muchos maricas juntos, como efecto colateral, suele haber magnificas pibas... Yo tenía flamantes mis lentillas por lo que ese verano prometía y no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar ese antro de vicio y perdición, y perdernos entre tubos y tubos de pastís.

Ese pueblito. Esa playa nudista. Ese paseo marítimo plagado de músculos y aceite. Y ese grupo de foreros ( del foro ) sorteando el chapapote entre las hamacas buscando un baluarte desde donde se oteara a la perfección a las féminas que campaban a sus anchas entre tanta carne prieta. Y lo encontramos, vaya si lo encontramos. Bajo una especie de carpa que daba sombrita a las hamacas y que tomamos por la fuerza para convertirla en nuestra propia haima, hicimos un montón con las mochilas en el centro, y nos expandimos por la sombra, cada uno buscando posiciones estratégicas de observación.

Transcurridas algunas horas, entre baños, raquetas de playa, prácticas de puntería sobre fornidas espaldas y servecitas, llegó el omnipresente momento de la siesta, la hora Warner que sigue al papeo y en el que ningún organismo playero soporta no quedarse frito a la sombra, sea gayer o hetero. Y en eso estabamos cuando una sombra silenciosa atravesó la zona donde estabamos sobados. Todos notamos la ráfaga de aire de un paso apresurado y al abrir los ojos, contemplamos atónitos como había disminuido el montón de mochilas, yendo a faltar, evidentemente, la mia.

Preguntando a los vecinos de hamaca, nos comentaron que un negro, que pensaban era de nuestro grupo (¿?) se había parado tranquilamente entre nosotros, había rebuscado entre las mochilas, agarrado una y se había largado tranquilamente... Mierda, otro walkman reversible que pierdo !!! Acto seguido, todos los que allí estabamos nos encaminamos a recorrer las callejuelas del pueblo en pos del negro, del que pudimos averigüar que sería fácil de encontrar pues en aquella época no es que hubiese muchos en Sitges, de hecho, debía ser el único por la respuesta que los locales nos daban ante nuestra pregunta: ¿un negroooooo???

Ante la falta de resultados, asumimos tristemente el siguiente paso: el cuartelillo de la Guardia Cerril. Y allí que nos dirigimos un servidor y un colega, casualmente también usuario de tricornio, por si había problemas de entendimiento.

El cuartelillo en aquella época estaba algo así como tirando a una mezcla entre viejuno y semiderruido... mi colega ya empezó a poner caras raras nada mas entrar. Nos acomodamos en la sala de espera donde se acumulaban cienes y cienes de personas que venían a denunciar al ' pelirrojo ', un sujeto panocha y al parecer barbudo que se había dedicado a pasar la mañana chorizando bolsos y que por lo que comentaba la multitud, había tenido una fructífera jornada laboral.

Tras un par de horas de espera escuchando las increíbles tribulaciones del pelirrojo, por fin nos toca entrar. Cómo sería la visión que tuvimos en ese momento que mi colega el picoleto me susurró al oído que ni se me ocurriera decir que era del cuerpo... Sentaditos en plan modosito observábamos estupefactos a ese cabo de la Guardia Cerril, moreno Pantone Solid Coated 7516 C, con la camisa desabotonada mostrando ese pechio lobo cual legionario del amor, corte de pelo Duke Nukem y sonrisa de un blanco nuclear que impedía ver que había mas atras... el cual, sonriendonos sin cesar y poniendo ojitos tiernos colocaba sus dedos sobre las teclas de la Olivetti Lettera 22.

Tal era nuestro estado de abstracción que ante la falta de conversación, dió un suspirito y con un leve bamboleo de cabeza miró hacia la ventana que tenía detrás, desde la cual se veía un trozo de mar. Transcurridos unos minutos que parecían siglos, con ese mismo bamboleo nos miró y nos dijo con una voz suavecita suavecita --seguro que vosotros no tenéis unas vistas como estas... iiiiiih ( gritito asi como de maricona viendo un manojo pollas, acompañado de encogimiento de hombros y entrelazado de manos )--

Sin salir de nuestro asombro, y apretando el jopo al asiento, empezamos a contestar al cabo, dando inicio el interrogatorio de rigor para la redacción de la correspondiente denuncia. Llegado el momento de elaborar el listado de los objetos sustraidos, comenzamos con la descripciones:

CABO: bueno decidme, que se han llevado?
YO: Un walkman...
CABO: ... u. n. w. a. l. m. a. n...
YO: ... reversible ...
CABO: ... r. e. v. e. r. s. i. b. l. e... marca ?
YO: Sony
CABO: ... s. o. n. i... color ?
YO: ¿?¿?¿? ... mmm ... negro ... ¿?¿?¿?
CABO: ... n. e. g. r. o... que mas

Así estuvimos un rato, elaborando hasta el detalle mas nimio el listado de objetos robados... en un momento dado, surge la duda...

YO: ... unas gafas de sol ...
CABO ... ...d. e. s. o. l... marca ?
YO:... eeeeeh ... uuuuuh... mmmmm... nisu ( por aquello de NiSupadreloconoce aplicable tan acertadamente a todos los objetos comprados en el mercadillo de los jueves )...
CABO: ... mmmmm .... mmmmm ... ¿ y eso como se escribe ??

No pudimos mas... la tensión acumulada explotó y un universo de carcajadas salió disparado de nuestras bocas. Menos mal que el cabo era un tio enrollao y se tomó a bien la explicación de la marca de las gafas, no sin antes jurarnos y perjurarnos que harían todo lo posible por encontrar la mochila y al negro que se la llevó, cosa que aún estoy esperando...

Desde entonces no he vuelto a Sitges... ni a escuchar la cancioncilla de los cojones...

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