::: LAS AVENTURAS DE UN GAMBITERO  :::
::: rutina rutinaria
jueves :: 19 de enero de 2006 :: 15:32
Bogotá, 22:45 - Madriz, 04:44 de la madrugada
escuchando : ' Paul Oakenfold - Bunkka '


Aquí estoy de nuevo, en mi tercera noche por tierras bogotanas, tirado en el sofá del apartamento ahogando las penas en Smirnoff. El antiguo inquilino las ahogaba en Bombay Saphir, pero yo soy mas cutrelux y tiro por algo mas mundano.

Por el momento el balance no es muy desastroso. Aparte del curro, que se me lleva la mayor parte del tiempo por no decir casi todo, el resto del tiempo lo he pasado callejeando por los alrededores realizando la necesaria definición de entorno, es decir, investigando los alrededores para ir habituándome a esto.

Sigo intentando descerrajar las redes no seguras que flotan en el éter del apartamento pero me está costando mas de lo que yo pensaba y eso que del lunes a hoy, se ha duplicado el número de redes disponibles. No importa. Tengo tiempo suficiente como para hacerlo.

La rutina diaria pasa por tener los ojos abiertos como un mochuelo antes de las seis de la mañana. Cosas del cambio de huso horario. Me da tiempo de sobra para todo antes de quedar para ir a la oficina, a las ocho de la mañana. La norma aquí es pasar desapercibido. Todos vamos exactamente igual. Traje oscuro, camisa blanca, corbata. Nos movemos durante el día en un espacio reducido de un par de ' cuadras ' como se llama aquí a las manzanas, de la oficina a la plataforma y viceversa. La jornada laboral consiste básicamente en reuniones, breves momentos en la oficina chequeando el correo, mas reuniones, salir a comer, mas reuniones y volver a casa. Ponerse el traje de gañán para seguir pasando desapercibidos, cenar algo y volver a una hora prudencial, sobre las diez o diez y media.

De momento llevo conocido un par de centros comerciales, estilo yanki total, el Friday's, el Hard Rock Café Bogotá, y un par de sitios de ' tintos ' como se llama aquí al café solo. También el ' Pomona ' una tienda similar a los supermercados ' Sanchez Romero ' o la boutique del gourmet del Cortingles, donde compramos todo lo necesario y yo me quedo absolutamente flipado con la cantidad de frutas y verduras extrañas que crecen por aquí y que muy pronto colgaré para que veáis.

Incluso he comido uno de los platos típicos de la zona, la ' bandeja paisa ' consistente en un batiburrillo de frijoles, arroz, banano frito, aguacate, tocineta y carne picada. Los que me conozcan sabrán de mi aversión por los frijoles y judías en general, pero he de decir que no está tan mal del todo, eso si, peta mazo.

Además, parece que mi superpoder de disipar las nubes surte efecto por estos lares. Por mucho que se nuble el día, es poner el pie en la calle y desaparecer los nubarrones. Todavía no ha llovido desde que he llegado, cosa que agradezco en grado sumo.

Otra cosa curiosa es la capacidad que tiene el personal de aquí de soltarte doscientas formulas corteses a la hora de saludarte, despedirse, pedirte paso cuando entorpeces el pasillo, y prácticamente cualquier cosa. Son súper simpáticos pero me dejan absolutamente flipado con sus formulas diplomáticas. Es una autentica locura. Aparte del hecho de que yo no suelo tratar de usted a nadie, y que aquí el tutear puede llevar a ' errores de confusión ' como decía un buen amiguete.

Poco mas por hoy amiguitos, veremos mañana como se da el día, doctor Jiménez ...

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::: Jet Lag
martes :: 17 de enero de 2006 :: 18:38
Bogotá : 22:05 - Madriz : 04:05 de la madrugada
escuchando : ' Placebo - Twenty Years '


Como os dije en mi ultimo post ibérico, el siguiente comentario de mi blog sería desde tierras colombinas, y así es. Parece que el jet lag está haciendo efecto y aunque mis biorritmos se están acoplando perfectamente a la luminosidad ambiente, creo que voy a caer rendido en cuanto caiga en el sobre. Además mañana he quedado a las ocho de la mañana para ir a la oficina por lo que tendré que recalcular la hora a la que me tengo que levantar.

Ahora mismo estoy escribiendo tirado en el sofá del apartamento de Fer, despues de haber colocado los monos del curro en el armario y haber comprobado que tanto el cargador del movil, como el secador de pelo y el portatil, funcionan sin problemas con corriente de 110 v.

Ya que he llegado prácticamente de noche, no me ha dado tiempo a mucho. Solamente a ir con el yayo a cenar a un Friday`s como el que hay en la esquina del Bernabeu en Madriz, tomar unas cervezas para cansar un poquito el organismo y no estar en vela hasta las mil, ver un poco el ambiente callejero, ver su departamento ( apartamento en cristiano ), que todo hay que decirlo, mola bastante mas que el mio, y poquito mas. Mañana con la luz del día veremos si se me quita la sensación de haber vuelto a Santo Domingo pero con maletas.

Las diez horas de vuelo han sido bastante animaditas. Para empezar, mi sitio era de ventanilla, chachi. Al rato de haberme sentado, se coloca al lado de mi un chaval jovencito. Guay, no voy a tener que dar ni recibir conversacion intrascendente. Pero no, mi gozo en un pozo ... por el pasillo se acerca una chuacha, con una cacho de bolsa repleta de flores de plastico que resulta que tiene el mismo asiento que el chaval, que se habia colocado mal. --Bueno, no nos pongamos nerviosos --me digo.

Pues nada, os lo voy a resumir de la forma mas breve posible. Me he tirao volando diez horas con una piba al lado que no paraba de pedir la comida, de hablar por los codos preguntando si se veia Bogotá por la ventanilla aun llevando solo tres horas de vuelo, pidiendole whiskis al pobre azafato que al final ha transigido y le ha traido un whiscazo con yelos, amarillo en ingles, y que ha sido capaz de pedirle a otro azafato otra racion de comida porque con la que se habia tomado no se habia quedado saciada.

Si a eso le añadimos que detras de mi habia una criatura que de los ocho mil kilometros que separan Madriz de Bogotá se ha tirado berreando por lo menos seis mil ... que la peli que me han puesto era de futbol ... y que despues de que mi maleta saliese la ultima de la cinta transportadora me haya cacheado un tio chikinino vestido de verde y que me hablaba en ingles, pues os podeis imaginar el cansancio que tengo encima.

Es mas, me he vuelto a sorprender con la facilidad de encontrar informacion interesante en cualquier parte. Delante de mi tenia un gafapastas pelo_panocha como diria Martuki de la peña pelirroja, con pinta de llamarse Helmut porque se tiro todo el camino leyendo el ' Frankfurter Allgemaine ' y mira por donde, en una revista tipo fanzine que se estaba releyendo el tal sujeto, encontré informacion sobre el lanzamiento del primer disco de Tiga, fecha y nombre, que de otra forma fijo que no me enteraría. Cosa curiosa, velai.

En cuanto acabe de escribir, intentaré que cualquiera de las cuatro redes inalambricas que tengo alrededor y que no están encriptadas me deje colgar este post, si no lo haré desde la ofi en cuanto tenga un momento. Yo creía que aquí no iba a tener tanta conectividad como en mi casa pero me he equivocado de pleno, tengo la misma y ademas todas las redes son no seguras, será cuestion de intentarlo hasta conseguirlo.

Poco a poco iré colgando las fotos de lo que ve vaya encontrando... pero de momento, como que tengo pocas opciones, o sobar o ver la hora chanante... creo que tiraré por la segunda opción...

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::: Desinfectado, desratizado y desisenctado
sábado :: 14 de enero de 2006 :: 18:13
escuchando: ' Tosca - Suzuki '


Exactamente esos tres términos son los que se pueden leer en la mayoría de los vagones del metro de Madriz, que por cierto no corre, vuela. No son muy visibles a simple vista o no nos fijamos en ellos muy a menudo, con ese ímpetu que nos caracteriza y que hace que cada vez que penetramos en el túnel nos preocupemos mas en mirar a la gente que tenemos a nuestro alrededor con el fin de prevenir inconvenientes que en leer los carteles meramente informativos de la legislación sanitaria vigente aplicable a los transportes públicos.

Y os estareis preguntando porqué me pongo ahora a elucubrar sobre la sanidad en los vagones de metro. Pues muy sencillo : a las ocho y media de la mañana, por regla general siempre suele haber sitios para sentarse en cualquiera de los vagones del tren. Como somos animales de costumbres arraigadas, casi todos cogemos siempre el mismo tren, el mismo vagón y si hay posibilidades al respecto, el mismo sitio. Es así. Todo el mundo lo hace. Y yo no voy a ser menos, es pura rutina.

Pues estaba sentado tranquilamente en mi sitio habitual, repasando por tercera o cuarta vez el último parrafo del capítulo correspondiente del libro que me estoy leyendo, ya que si no lo hago no me entero de nada, cuando por el rabillo izquierdo del ojo noto como un objeto cae del cielo. El hecho en sí no tendría la mas mínima importancia de no ser porque unos segundos mas tarde, observo aterrado como algo se mueve sobre la manga de mi abrigo en dirección a mi mano. Ni mas ni menos que una cucaracha hembra, de esas que tienen el culo para fuera, marrón clarito. --menos mal-- pienso, porque si fuese de esas que son negras como el carbón todavía me daría mas asco.

El resto del personal del vagón no se percató de nada hasta que, en previsión de que el insecto llegara a mi mano, cosa que me da un asco sumo, de un manguetazo intenté tirarlo al suelo.

Recuerdo de mis clases de entomología aplicada que los artrópodos de la clase ' hymenóptera ', como las avispas por ejemplo, tienen unos garfios en el extremo de las patas ue utilizan (1) para agarrar a sus victimas y que no se muevan mientas se las comen aun calentitas y (2) para evitar caerse de sitios en los que de otra forma no podrían asirse. En el caso del género ' Periplaneta ', la maldita cucaracha, y especialmente en la especie ' americana ', esas cucarachas de color tostado que pueden llegar a medir sus buenos cinco centimetros cosa que no ocurre con las asquerosas cucarachas negras, conocidas en los laboratorios como ' blata blata ' o cucaracha europea, disponen en su lugar de unos pelos modificados en forma de ganchos o garfios, que utilizan para lo segundo, es decir, no caerse prácticamente de ningún sitio.

Y esos pelos modificados le fueron de gran utilidad a la jodida cucaracha que por mas que yo movia el brazo y daba manguetazos al aire, no se movía de su sitio.

La cara del personal en el vagón era de estupor al principio, cuando se percataron de que había un sujeto dando brazadas al aire allí al final del vagón, y de asco después al comprobar como el maldito insecto caía al suelo y se dirigía raudo y veloz a por su siguiente victima.

Era como ver la ola en un estadio de fútbol. Todos y cada uno de los usuarios fueron levantando las piernas para que el bicho pasara sin problemas por debajo.

Perdí de vista a la cucaracha cuando estaba llegando a la segunda puerta del vagón, el el momento en que una señora pegó un salto y se colocó entre el bicho y yo. Despues de aquello, volví a repasar por quinta vez el último parrafo del capítulo correspondiente del libro que me estoy leyendo, ya que si no lo hago no me entero de nada.

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P.S. el próximo comentario desde tierras colombinas

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::: la confianza da asco
miércoles :: 11 de enero de 2006 :: 20:01
escuchando : ' Saint Germain - Rose Rouge '


Jo. Bien cierto es ese dicho que reza ' donde hay confianza da asco '. Ya no se respeta nada.

Resulta que me dirijo como todos los dias al bareto a papear y me encuentro que está absolutamente petado. Como cuando comencé a frecuentarlo. Llevaba unos días que no tenía ningún problema en llegar y sentarme pero hoy no ha sido así, me ha tocado esperar un buen rato.

Esto no me supone ningún problema obviamente, pero resulta que cuando por fin me siento, en medio de unos camareros con un frenesí desorbitado, va Angel y me pregunta que si vino y casera como todos los dias --por supuesto, le contesto; es mas, antes de que me cante el menú del dia ya me he encargado yo de pedir el primer plato.

Angel es el único camarero que no es gallego. Debe ser de Salamanca por lo menos porque no para de soltar adjetivos como ' majo ' y ' mi niño ', los cuales estoy muy pero que muy acostumbrado a escuchar. Pues con todas las prisas va y me trae una botella de vino empezada y por la mitad y me dice --bueno, ya la terminas no majo ?

Uno que en el fondo sabe perfectamente que en todos los baretos donde dan comidas se rellenan las botellas de vino, pues le dice que vale, que perfecto. No problemo. Hay confianza de nivel 1.

A los pocos minutos llega un chaval que frecuenta el lugar habitualmente también y Angel ni corto ni perezoso me pregunta si quiero compartir la mesa. No es que me importe, porque ya me tocaba muchas veces compartir la mesa durante aquellos tres años en los que me tocó currar de talocha, pero que quieres que te diga, no es lo mismo. De momento me salvo porque el chaval viene con cuatro chavalitas mas asi que no cabemos todos.

Dando buena cuenta de unas sopas de ajo estaba cuando vuelve Angel y de buenas a primeras me planta delante a un currela. Bueno. Vale. Me tocó. Vale que no llevo mucho tiempo siendo habitual del local y que me toque pringar antes que a los demás que comen solos, lo acepto, pero esto acaba de subir el baremo a confianza de nivel 2, que puede ser bueno o no. Solamente entraría en la parte de bueno en el caso de que empiecen a caer chupitos por cuenta de la casa, en otro caso, chungo pistacho.

El frenesí a la hora de servir mesas es tal, que hoy, en lugar de comer en veinte escasos minutos, al currela que se ha sentado conmigo le ha dato tiempo a tomarse el primero y le han puesto el segundo casi al mismo tiempo que a mi, asi que he comido lenta y plácidamente. Bueno, no está nada mal, un día es un día.

Durante el transcurso de la comida he tenido una curiosa experiencia de dèja vu dentro de otro dèja vu, es decir, he tenido un dèja vu de haber tenido ese mismo dèja vu. No se si me entendeis. Lo que me pasaba en esos instantes es que me daba cuenta que eso mismo pensé en otra ocasión totalmente identica a esa. Bueno, vamos a dejarlo porque esto se vuelve más lioso que la historia de Donnie Darko, que tiene tela también.

Tan absorto he vuelto a la oficina despues de darle un par de vueltas al tema que cuando he ido a echar el primer pis de la sobremesa, mirando al personal, por la ventana, me he percatado de que no me había quitado el piercing de la oreja, el mismo que me pongo a la hora de la comida para que no se cierre el agujerito, que luego jode mogollón volver a abrirlo. Unos instantes despues, mientras recargaba la botella de agua que utilizo constantemente para impedir la formación de piedrecitas en mi riñón derecho, he caido en que no he tirado una foto al cartel del menú del día en el bareto, porque hoy no tenía desperdicio ... de primero tenían pasta, mas concretamente ' aspirales ', si señor, ' pasta aspirales ' tenian hoy de primero, la caña.

Y lo he recordado porque justo debajo del microondas de la sala de descanso de la oficina, alguien se ha dejado una botella de txacolí. Txacolí Txampa. Yo que también he comido de tupper cuando era teleoper en retevisión he visto de todo, botellas de agua, latas de cocacola o fanta, incluso servecitas y calimotxo ... pero una botella de txacolí nunca. Que buen gusto tienen aqui los teleopers que no ?

...

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